Admiro a los arquitectos que no escriben, “sólo hacen arquitectura”, y aun más, a los que hablan poco, “sólo hacen arquitectura”; no obstante permítanme aprovechar este silencio para aventurar estas ideas, que ni siquiera sé si me pertenecen, desde luego, no totalmente, son sedimentos de mis lecturas y experiencias “sólo de hacer arquitectura”.
Leer es fantástico, dice Peter Zumthor, ilustrado, culto y sensible arquitecto, nos permite conocer pensamientos de ayer, de hoy y visiones del futuro. Además, nos abre la posibilidad para recorrer el mundo y enterarnos de cosas, que pueden no tener relevancia, por ejemplo: si mencionamos a Zumthor, obligados estamos a referirnos a su país de origen, Suiza; con esta alusión mis letras tocan la lengua y un término del antiguo alto alemán, Suittes, que significa quemar. Efectivamente se quemó un bosque para construir viviendas y con el tiempo llamaron a ese lugar Suiza. Continuando sobre el acto de la lectura y hurgando sobre ciertos tópicos, nos detenemos y enfocamos nuestro interés en torno a ciertos pensamientos de Peter Zumthor.
Peter Zumthor, carpintero y arquitecto, ha recibido el reconocimiento de su obra arquitectónica, a través, como el dice, de la gente que cree en el y le hacen encargos, por cierto muy pocos porque, quiero ser el autor de todas mis obras, dice. Como parte de un reconocimiento nuestro, queremos mencionar los premios conseguidos por sus edificios: Pritzker, Imperial japonés, Mis van der Rohe.
Al ofrecer una entrevista, le interesó cómo se publicaría: preferiría sin fotos; leer es precioso y si se dialoga y escribe sobre arquitectura, por necesidad se tendría que leer por igual a Goethe, Aristóteles, Cervantes, Kant, Heidegger, a los poetas, Rainer, Bécquer, Borges, Paz, Baudelaire, Apollinaire y a los arquitectos, Vitruvio, Alberti, Wagner. ¿Prefiere no ilustra los proyectos? Efectivamente, ya que la lectura, además de ser la fuente que amplía la visión del mundo intelectual, es una de mis más bellas fuentes de inspiración. Al leer nacen imágenes interiores, si no se lee, se reduce a un cuadrado la imaginación. Ilustrar los textos es una forma de tutela. La palabra tiene su propia lógica en un mundo mágico y al igual que la arquitectura no debe limitarse, sino que ese espacio y objeto deben concebirse como un lenguaje hermoso y extenso. Por eso le ruego publique un árido desierto de tinta.
Adentrándonos en el pensamiento de Zumthor, su comprensión se va espesando y haciéndose compleja.
Abundando en preguntas: ¿No es importante el que su arquitectura sea más accesible para los lectores con ayuda de ilustraciones? Dice: Eso es para mí importantísimo. Se lo explico. La vieja mesa que mi abuelo toco es la misma que mi tío toco y no su copia. Un fotógrafo que trabaja para mi opina que su medio bidimensional, no tridimensional, no puede retratar el espacio, eso lo hago yo con mi trabajo. La arquitectura se puede experimentar cuando se ha experimentado arquitectura, es decir, cuando se hace efectivamente arquitectura y no si sólo se lee; y, las fotos se experimentan con fotos, escritos con escritos etc. Así es esa lógica: la arquitectura se experimenta haciendo arquitectura, objetos materiales. Mi deseo de que la arquitectura sea experimentada es enorme, pero eso no puede confundirse con la experimentación de fotos bidimensionales.
Acordamos con Zumthor que la experiencia de una disciplina como la arquitectura siempre será haciéndola, construyéndola, “experimentandola”. Vale la pena confrontar otra idea, la de Alvaro Siza: un crítico académico no tiene la capacidad para enjuiciar una obra de arquitectura; no hay buena ni mala arquitectura, son etiquetas de críticos, lo que vale es la opinión del usuario. Respetando lo anterior, agregaríamos que la etiqueta también la pegamos los arquitectos practicantes, siempre y cuando: la experiencia que nos otorga la disciplina de proyectar y construir edificios, es extraordinaria, pero no es suficiente para sustentar juicios críticos sobre lo arquitectónico; la práctica debe venir acompañada de un espacio reflexivo, analítico y crítico, sobre nuestro trabajo y el de los otros, además, en un escenario ideal, la práctica y la investigación no deberían ser cosas distintas, cada una se nutriría de la otra; el resultado de este escenario, nos amplía la visión crítica, desde donde podemos juzgar obras de arquitectura, de acuerdo con nuestra historia de la producción o de lo arquitectónico.
Volviendo con Zumthor y contestando a una pregunta más, donde involucra, sentidos y por antonomasia sensibilidad, dice: La arquitectura tiene cuerpo, no es algo virtual sino que es concreta y se puede experimentar con los sentidos, eso fue siempre así y siempre hay gente que si supo y sabe transmitirlo como Siza, Lewerentz, Kahn, Corbusier, Alvar Aalto, Dollgast, Rudolf Schwarz o Barragan. Ve, “todos hacían arquitectura”. Supuestamente es una sensibilidad para el cuerpo de la arquitectura, que se compone de partes, se crea con materiales, se construye.
El espacio mismo es un vacio, viene condicionado por aquello que lo crea o por lo que lo rodea. Los arquitectos determinamos su entorno, su forma y lo percibimos con los sentidos. También los filósofos, poetas, sociólogos (por eso hay que estudiarlos) piensan espacialmente. Incluso cuando se piensa en abstracto se piensa en imágenes. La más noble tarea de la arquitectura consiste en imaginar su presencia física para luego darle forma. Por ejemplo: Placas de piedra con anclajes de acero cromado colgadas a lo largo de mil metros cuadrados son placas de piedra con anclajes de acero cromado. Las cosas son lo que son, yo veo lo que veo, siento lo que siento y procuro hacer las cosas de forma correspondiente. Las cosas se construyen en mi mente primero.
Primero se construyen en mi mente, dice Zumthor. Se conceptualiza decimos nosotros: construimos primero en nuestra mente, es decir, hacemos una representación figurativa de un objeto en la mente en forma de idea o concepto, de lo que queremos decir o hacer, luego lo exteriorizamos, en un lenguaje adecuado a cada disciplina.
Octavio Paz dice al respecto: El poema no es una forma literaria sino el encuentro entre la poesía y el hombre en un lugar, en la mente; no decimos todo lo que elaboramos en la mente por diversas causas: por incapacidad primero y después por lo que quieran.
Franco Purini dice: los materiales con que se construye la arquitectura son materiales interiores que se desarrollan en un sitio imaginario, en la mente.
Bueno, sobre el mismo tenor, Italo Calvino nos recuerda: La casa del inconsciente, es una casa amueblada por todas las experiencias, informaciones, lecturas, conversaciones o pensamientos anteriores, en un lugar de nuestra mente, de donde sale ya construido en concepto.
Zumthor, reflexiona sobre sus escritos que hacen referencia al cine, literatura, arte, filosofía, poesía, sociología, ciencia y música cuando trata la inspiración. De aquí surge la pregunta ¿Porqué menciona raramente otros edificios?. Al respecto dice: Soy un fenomenólogo, parto, además de mi experiencia (hacer arquitectura), de la experiencia del mundo, esta me interesa en el sentido más amplio. Yo vivo ahora, oigo los cencerros de las vacas fuera y el agua en los radiadores dentro. Como todo humano he vivido, visto, oído y leído mucho.
Todo esto conforma mi experiencia y a partir de esta trabajo. Todos los días presenciamos ciudad, pueblo, paisaje, arquitectura.
Las casas de otros arquitectos son también presente, pero una parte pequeña de mi experiencia. La arquitectura publicada prácticamente no es vivencia puesto que una foto es una foto, ya lo he explicado antes. Y déjeme decirle, hay muchos arquitectos que hacen muy buenas obras y no son considerados, sólo llaman la atención de los académicos y sociedad los estrellas del sistema, que la mayoría de las veces no producen buena arquitectura.
Yo trabajo desde la experiencia del mundo e intento elaborar mi propio punto de vista, ser fiel a mi mismo haciendo exactamente lo que me parece bien y gusta. Ahora sé que lo que a mí me gusta les complace también a muchos otros, entonces no soy tan egoísta sino bastante normal. Si usted imagina un nuevo edificio para un lugar especial, y este es siempre especial, entonces las asociaciones de la propia experiencia son mucho más sugerentes que el lugar mismo. Uno no se condiciona tanto, aceptemos soluciones no estandares. Nunca se me ocurriría considerarme como una parte de la historia de la arquitectura y estudiar los últimos 500 balnearios, para saber que es un balneario, eso sería estúpido. Por eso no hablo de otros edificios aunque admire muchos que a menudo no están firmados por un arquitecto.
viernes, 11 de junio de 2010
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