EL MEXICO DE HOY
Estamos viviendo hechos inéditos para tres o cuatro décadas atrás: aparición de cárteles de la droga y su secuela de asesinatos, corrupción y un aumento sin precedentes de drogadicción; aumento alarmante de suicidios; detonación de una ola de violencia en general pero agravada en mujeres y niños; abuso sexual de niñas y niños; secuestros y asesinatos; altísimo grado de desempleo. Por si fuera esto poco, se han recrudecido problemas añejos como la pobreza, desnutrición, ignorancia…Aunado a lo anterior y debido al “progreso” en las ciudades (falso, irresponsable y desordenado crecimiento) padecemos contaminación de toda índole, escases de agua y alimentos, déficit de viviendas,…La salud se ha deteriorado, principalmente en lo mental: conductas irascibles de la gente, depresiones, esquizofrenia…
¿Qué ha pasado? ¿Por qué? No es fácil encontrar respuestas concretas. ¿Quién es el culpable? Tampoco se puede señalar fácilmente.
Los cuestionamientos anteriores me traen a la mente dos nombres, Lope de Vega y su obra Fuenteovejuna ¿por qué será? Recordemos el tema de la obra de teatro del mismo nombre: “levantamiento del pueblo contra el abuso de poder del Comendador”. En la obra, el pueblo no se propone cambiar el sistema social y económico, en nuestro caso es muy probable que si, sólo busca justicia, decide tomarla y aplicarla por propia mano. Los cuestionamientos planteados anteriormente se asemejarían a lo siguiente: ¿Quien fue?; Fuenteovejuna, señor; y quien es Fuenteovejuna; todos señor”.
Pero veamos que dicen los analistas políticos de México. Trataremos de encontrar pistas que nos ayuden a entender realmente el problema.
Analistas políticos como Ana María Magaloni, profesora e investigadora de la División de Estudios Jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), después de hacer un diagnostico sobre lo que piensan los mexicanos acerca de la situación actual (su semblante es triste; no creen en la política ni en los políticos y mucho menos en el modelo económico. La desesperanza se escucha en el transporte público, en las pláticas de café y puede leerse en los chats. Aseguran que nuestro país agoniza. Los ciudadanos padecen un cuadro agudo de desencanto, de enojo, de apatía, de desconfianza y de desesperanza).
El remedio, coinciden los estudiosos, es uno solo: o cambia el modelo económico y se replantea el papel del Estado o la situación terminará en un fondo de consecuencias inimaginables.
Pero ¿cómo llegamos a esta situación? La mayoría de los analistas considera que el Estado y sus instituciones no han respondido a las necesidades y expectativas de la mayor parte de la población y el gobierno se ha centrado en satisfacer los requerimientos de una élite, a la cual también se le agotaron los privilegios, pues el sector empresarial también comienza a hacer sus reclamos. Gerardo Esquivel, profesor investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México (Colmex) y doctor en economía por la Universidad de Harvard, dice que la salida de la crisis es aún distante y que los indicios de recuperación son frágiles.
Agrega que en este contexto se desaprovechó un capital social muy importante para el desarrollo del país como lo es la juventud, que se está sumiendo también en el desencanto.
"Nos encontramos en un momento de transición demográfica en el cual los jóvenes han alcanzado máximos históricos en su participación dentro de la población total y en la fuerza de trabajo. Paradójicamente ni el Estado ni la sociedad parecen haberse percatado de la trascendencia de esta circunstancia crucial para el futuro del país", dice.
De esta manera, en las familias mexicanas sucede que los padres pierden su empleo y los jóvenes no encuentran dónde colocarse.
Las consecuencias sociales de esos errores políticos son visibles en las estadísticas. La tasa de suicidios aumenta gradualmente desde 1990. En ese año, la tasa de personas que se quitaron la vida fue de 1.6 por cada cien mil individuos. En 2006, último año con el que se cuenta registro, la tasa fue de 3.2. Según el Instituto Mexicano de la Juventud y el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, hace 30 años, quienes más se suicidaban eran adultos mayores, ahora la situación se revirtió. El 28.6% de los intentos se concrentra en la población de entre 15 y 19 años y 16.6% de los suicidios consumados son de jóvenes de entre 20 y 24 años.
El consumo de drogas también aumentó. La Secretaría de Salud reporta que en los últimos nueve años la drogadicción aumentó 50%.
En 2002 había 158 mil personas adictas en el país y ahora son 307 mil.
Otro dato que habla de la violencia detonada por el incipiente nivel de vida, entre otros factores, es la delincuencia, la cual, año tras año, según la Secretaría de Seguridad Pública federal, se incrementa 2% e involucra a cada vez más jóvenes y mujeres.
Ana María Magaloni, investigadora del CIDE, dice que México llegó al límite porque es evidente que los beneficios del régimen democrático sólo llegaron a una parte de la población y no a la mayoría. Para ellos, para la mayoría de la población que no forma parte de la élite privilegiada, el hecho de que haya llegado el PAN a Los Pinos no significa nada porque no hay un beneficio tangible como ciudadanos y siguen siendo simples gobernados, opina.
La Encuesta Nacional sobre Cultura Democrática y Prácticas Ciudadanas 2008, hecha por la Secretaría de Gobernación, revela que 51.8% de los mexicanos cree que México no vive en una democracia y 34.2% está poco satisfecho con el sistema.
El 35.6% de los encuestados dice que confía poco en el Presidente y 14.6% no confía nada. Pero es peor el rechazo cuando de partidos políticos se trata, pues 35.6% de plano no tiene ninguna confianza en ellos.
Además, 48.5% dijo que estamos más cerca de un gobierno que impone, en lugar de uno que consulta y 78.6% prefiere que el gobierno intervenga lo más posible en la solución de los problemas de la sociedad.
Javier Oliva Posada, académico de la UNAM y especialista en sistema político mexicano, considera que México está cercano a la disfunción estructural y padece una severa elevación de los niveles de tensión.
Esto como consecuencia de las ineficiencias en la impartición de justicia en el país, a la incapacidad de los gobiernos para cumplir con los compromisos que asumen ante la sociedad, a la aparición de patologías sociales tendientes a la destrucción y deterioro del tejido social y en general, añade, a la ausencia de un proyecto de nación y de un pacto que sobrepase la agenda electoral y el análisis de la coyuntura.
El especialista destaca que la falta de proyecto en una empresa, por ejemplo, denota desinterés respecto del destino y consecuencias de las decisiones tomadas, pero en materia política la cosa es mucho más seria, pues implica el futuro de millones de personas y de los recursos e instituciones del país.
La crisis institucional tiene sus más altos niveles y sus más críticas consecuencias en el aparato de justicia.
Gerardo Esquivel, académico del Colmex, asegura que a la extrema vulnerabilidad económica se suma la crítica realidad de inseguridad pública en el país. Esta sensación de temor constante por la inseguridad propia y de las personas cercanas es una manifestación nítida de pérdida de bienestar y calidad de vida, dice el especialista.
Ana María Magaloni, del CIDE, considera que parte del desencanto de la población mexicana obedece a que temas tan cruciales ahora como el acceso a la justicia, han quedado fuera de la agenda de los partidos políticos.
Tenemos un sistema de justicia mediocre al que sólo accede un sector privilegiado y la mayoría no. La población se debería amparar cuando no hay un pizarrón en la escuela de su comunidad, cuando no hay un médico o, en casos extremos de detención arbitraria, pero la mayoría, 90%, no tiene acceso a ese derecho y en lugar de garantizarlo, las reformas pretenden engrosar aún más este aparato ineficiente, dice.
La especialista insiste: Este modelo ya está desgastado y cuando hay tanto desencanto es momento de un cambio, el cual debe venir desde la sociedad, no de los políticos... Esta crisis no puede ser infinita, es momento de un reajuste que esperemos que no tarde tanto porque esa apatía hacia lo público no es buena en términos de la construcción del país que queremos.
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