jueves, 31 de diciembre de 2009

LA RAZÓN DESENCANTADA

Uno de los exponentes de la razón es Kant.


La crítica kantiana a la metafísica parte de una concepción de la razón que es inmanente al sujeto de conocimiento y que es capaz de producir el mundo. “entendieron que la razón sólo reconoce lo que ella misma produce según su bosquejo, que la razón tiene que anticiparse con los principios de sus juicios e acuerdo con leyes constantes y que tiene que obligar a la naturaleza a responder sus preguntas, pero sin dejarse conducir con andaderas, por así decirlo” I. Kant, Crítica de la razón pura, p. 18.


“Sólo conocemos a priori de las cosas lo que nosotros mismos ponemos en ellas” Ibid., p.21.


“Lo que es racional es real; y lo que es real es racional”. G. W. Hegel, Fenomenología del espíritu, introducción.


Sin embargo, al principio del siglo XXI nos seguimos preguntando por la razón. Podemos decir que la razón siempre ha sido problemática, incluso para Descartes. De ahí el título, la razón desencantada.


Se plantea redefinir el concepto de razón, frente a las diversas definiciones a partir de ciertas contraposiciones básicas, como son racionalidad-irracionalidad, universal-particular y necesario-contingente. Partimos de la idea de que ya no se puede sostener, e incluso puede llegar a ser peligrosa, la defensa de un concepto de razón elaborado de dichas contraposiciones.


Desde el siglo XVII sabemos que son excesos, “excluir la razón, admitir sólo la razón”. B. Pascal. Pensamientos, parágrafo 128.


La razón ha tenido bastantes críticos: Isaiah Berlin, La contra ilustración; Francis Bacon, De la verdad; David Hume, Tratado de la naturaleza humana.


Dentro de la diversidad de propuestas es interesante destacar la contraposición entre razón y pasiones. “La razón es un espejo de agua que, cuando es agitado por las pasiones, deja de reflejar la realidad e impide que la voluntad encuentre alternativas a las inclinaciones del momento”. Remo Bodei, Una geometría de las pasiones. En este sentido las pasiones terminan por ser condenadas en la medida en que perturban o anulan temporalmente la razón.


Descartes parte de una unidad de las dos sustancias y dice que las pasiones son afecciones del alma que, así como la alteran, suelen ser en el cuerpo acción. Rene Descartes, Reglas para la dirección del espíritu.


La antípoda es Hume: “La razón es, y solo debe ser esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que servirlas y obedecerlas”. David Hume, Tratado de la naturaleza humana.


“El impulso no surge de la razón, sino que es únicamente dirigido por ella. De donde surge la aversión o inclinación hacia un objeto es de la perspectiva de dolor o placer. Y estas emociones se extienden a las causas y efectos de ese objeto, tal como nos son señaladas por la razón y la experiencia”. D. Hume, op. cit, p. 616.


Sin embargo Hume también pone en duda el enfrentamiento entre pasiones y razón: “se trata de ámbitos distintos, uno correspondiente a la existencia y a la modificación misma (placer-dolor), el otro al descubrimiento de la verdad o falsedad”. Hume se plantea la posibilidad que las pasiones pudieran oponerse a la razón, y concluye que está oposición sólo podría darse si las pasiones estuvieran acompañada de un juicio: cuando la afección se basa en la suposición de un objeto que en realidad no existe, o cuando al poner en acto la pasión no elegimos adecuadamente los medios y nos engañamos en nuestro juicio sobre las causas y efectos. Lo irracional no recae en la pasión, sino en el juicio que la acompaña. De acuerdo con esto lo único que puede oponerse a una pasión es otra pasión.


De esta manera, lejos de la visión cartesiana que se funda en una oposición entre razón-pasión, en la que finalmente la razón puede salir vencedora, la propuesta humana sostiene que la razón colabora inevitablemente con las pasiones, y son estás ultimas las entran en conflicto unas con otras.


“Lo nuevo surgió de lo antiguo en mayor medida de lo que se cree”. Albert O. Hirschman, Las pasiones y los intereses.


Los intereses de personas y grupos acabaron por oponerse a las pasiones, al mismo tiempo adquirieron un significado fundamental de ventaja económica. El termino interés, a final del siglo XVI, se entendía como “preocupaciones, aspiraciones y ventajas”. La preocupación era por mejorar la calidad de actuación del estado. La fuente se encuentra en Maquiavelo, quien describió, un comportamiento característico de los gobernantes.




















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