Ningún mito nos es más familiar que el de Pandora, pero quizá ninguno ha sido tan mal comprendido. Pandora es la primera mujer, la maldad hermosa; abre la caja prohibida de la que surgen todos los males de que la carne es depositaria. Sólo queda la esperanza. La caja de Pandora es proverbial, y esto es lo más significativo desde el momento en que jamás tuvo caja alguna. Erwin Panofsky1 aplica en La Caja de Pandora, aspectos cambiantes de un símbolo mítico (Barral, Barcelona, 1975) su monstruosa erudición a desentrañar los misterios de este funesto encanto, azote de los mortales, y a seguir su ruta en el laberinto de sus representaciones artísticas. Llámese iconología la ciencia que practicara el sabio alemán (1892-1968). La iconología es la ciencia de ver, comprender, penetrar en los significados de las artes (singularmente las artes plásticas); forma parte de la historia del arte o, si se prefiere, es una forma de hacer historia del arte. Panofsky se detiene frente a un cuadro y lo sabe leer, descifrar, conoce un lenguaje que nosotros, los expulsados del paraíso de la erudición, ya ignoramos. Ante un grabado en el que el vulgo aprecia una rara mujer que sostiene entre sus manos un pájaro deforme, Panofsky ve a la Esperanza con el cuervo, su ave heráldica, que grita cras, cras, mañana, mañana. Al leer a Panofsky nos acercamos al mundo de los supuestos (de lo que Ortega y Gasset llamaba lo consabido), de todo eso que es obvio para el artista e inusitado y extraño para nosotros, en que parcialmente se sustentan las obras de arte. La trama de los supuestos representa sistemas de creencias, modos de ordenarlo todo, formas enteras de vida: el cuadro nos remite a algo más vasto, a la cosmovisión del artista y por ella nos asomamos a una época entera, semejante y distinta a la nuestra. La ciencia de Panofsky sólo es posible a partir de una erudición bien organizada, capaz de atar todos los cabos, de ser útil y penetrante. No es la menor de las alegrías de su lectura la comprobación de que los datos precisos pueden cobrar vida y ser indispensables cuando los ordena una mente lúcida. Como mínima muestra considérese un argumento de Panofsky en relación a la invención de la Caja de Pandora. Las versiones griegas del mito debidas al viejo Hesíodo y a Babrio (popular poeta que nos obliga a consultar el manual de literatura griega) no mencionan ninguna caja; se habla de un recipiente de los males, pero es una vasija muy grande llamada pithos (dolium en latín) cuya transportación equivaldría a ir de visita a la casa de nuestro profesor de chino cargando un garrafón de agua electropura. El origen del error está en el renacimiento (es bonito el juicio las obras de Hesíodo no fueron asequibles en latín hasta 1471, ni antes ni después). Durante un tiempo se pensó que el culpable de la caja era el sabio Lelio Gregorio Giraldi (otra vez el manual de literatura), pero no, pronto se aclaró que el verdadero responsable de todo fue nada menos que Erasmo de Rotterdam. En un texto donde Erasmo fijo la leyenda de Pandora tal como la conocemos, reemplazo la palabra pithos por la voz pyxis, recipiente pequeño, caja; un error lo comete cualquiera, es cierto, y este dio como resultado el nacimiento de la Caja de Pandora. Aunque la verdad es que la descuidada lectura de Erasmo fue un cierto poético e iconológico indiscutible que nos permite ver a la dulce muchachita (Pandora significa dotada de todo) con la cajita de desgracias y calamidades en las manitas trémulas y curiosas.
(1) Erwin Panofsky (1892-1968). Historiador y critico de arte alemán. Su vasta erudición le permitió analizar la creación artística: desde la iconografía (la forma) y la iconología (contenido); la evolución del poder creativo del hombre a través del tiempo y de las culturas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario