sábado, 14 de noviembre de 2009

EL LUGAR DEL HOMBRE

                            En la calle, en las escaleras de Constitución, en el subterráneo, me parecieron familiares todas las caras. Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver
 Jorge Luis Borges, “El Aleph”


Mientras caminaba, miraba a un lado y otro de la calle, tratando de decidir la dirección a tomar, veía las fachadas de tiendas, edificios, taxis, camiones, y gente, mucha gente moviéndose como si fueran en la cresta de una ola, todos con un destino al que llegar. Aquel flujo era placentero y nadie se detenía, se perdían en el vacío de la ciudad. Durante mi largo periplo, como Ulises, experimente varias sensaciones en distintos espacios y descubrí sus diferencias. En unos el tiempo baño sus muros, sus vacíos, sus paisajes, impregno de historias, de afectos, de memorias, de hechos sucedidos en, y con el tiempo: EL LUGAR, espacio con movimiento, espacio arquitectónico que incorpora la dimensión del tiempo humano y la pertenencia; es nuestro auténtico patrimonio. Pero hubo otros espacios, sin tiempo, estáticos: EL SITIO, sólo construcción, espacio sin historia, en espera de tiempo humano.

El ritmo a que nos hace vivir la ciudad, nos fragmenta el tiempo para asignarlo a diferentes actividades, y ello repercute en nuestra relación con la posibilidad de crear afectos que cualifiquen el lugar. El tiempo, puede convertirse, fácilmente, en un bien de consumo. Usar y tirar, sin dejar huella, sin vivirlo, sin historia que contar.

Tanto la dimensión del tiempo, como la del espacio, no son las mismas en un niño que en el adulto. Para darse cuenta, no hay más que recordar nuestra infancia donde aparecen esos veranos larguísimos, en los que hasta se crecía mucho, aquellas vacaciones que daban tiempo a tantas cosas. Luego, los años se pasan sin darse cuenta.

Aparte de esa diferencia de escala que separa la percepción del tiempo entre la infancia y la madurez (donde ya el tiempo se nos va entre lo dedos), conviene recordar también que, además, el tiempo es elástico. Quiero decir con ello, que se estira y se encoge, y un mismo minuto medido de reloj, a veces se nos hace eterno, y otras se esfuma casi sin captarlo, ya seamos niños o mayores. Todo ello tiene mucho que ver con la configuración de los espacios, LOS LUGARES y sus problemáticas socioeconómicas, psicofísicas.

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